Tras mi propio rastro- Hechizos

viernes, 26 de agosto de 2011

Las dos partes del parque

Corría. Era de noche y había estado lloviendo. El pavimento brillaba bajo los faroles y las hojas húmedas parecían extasiadas, maliciosas, obscuras... La hinchazón posterior a la orgía. Mi cuerpo se inclinaba hacia adelante y con cada paso sentía que estaba por caer, pero seguía corriendo y los caminos que cruzaban el parque los pisé todos en cincuenta golpes de suelo. Los cuadros ensombrecidos y lodosos que no toqué llamaban, poco a poco comenzaron a poblarse de jóvenes lascivos que me invitaban a entrar, pasé sin detenerme, esquivándolos y aun así, volví a mi pista enamorada.

viernes, 5 de agosto de 2011

Cabeza

Foto de http://www.underdogph.com/
Entraban y salían de la habitación, apenas se fijaban en mí; les bastaba saber que estaba ahí. Yo permanecía inmóvil en mi salubre pesebre, me encogía con los días y mi piel adelgazaba. Cada vez los sentía mejor sin tener que abrir los ojos, ni reconocerlos, ningún gesto era necesario en aquel mutuo acuerdo de indiferencia y dolor. Fue al fin el dolor el que asentó su reino en mi cuerpo, condenando cada gota de sangre, de orina. Me repetía que estaba sola, que siempre estaba sola y que tal vez mi soledad no terminaría en el cuarto mal iluminado en el que ahora me encontraba. En el delirio aun podía distinguir el cruel absurdo que era que mis merodeadores vistieran de blanco. Los demonios disfrutan esas farsas. 

jueves, 30 de junio de 2011

Lluvias

Si a las cuatro de la mañana sigo despierta e intentando dormir, entre cobijas germina el deseo de cambiar mi vida. Los ojos abiertos contra el techo ennegrecido por la sombra comienzan a soñar con paseos intercontinentales, con desayunos a las ocho de la mañana, con zapatos nuevos, libros reveladores y una nube sensorial sobre mí; una nube rosa que lleva un letrero que dice "FELICIDAD". Así me pierdo en ensoñaciones y las piernas se sienten agitadas, listas para saltar de la cama y correr hacia la pequeña puerta al final del túnel. Y llega un momento en el que el arenoso tiempo cierra mis párpados al sueño y muchas horas después despierto a una vida un poco más desgastada, pero muy igual al fin y al cabo.

martes, 14 de junio de 2011

Alas

Estaba acostada en la cama sin esperanzas de leer, escribir, ver una película o dormir. Permanecía sólo recostada, fijando la vista en los distintos muebles que cabían en el ángulo permitido por la cabeza: la ventana y la puerta siempre, y afuera, enmarcado en la ventana un juego de poder entre el azul y el rojo. 
De pronto toda su atención se centró en un pequeño cuerpo que se movía desde antes, pero desenfocado, en la escena; una mosca había estado dando vueltas imprecisas sin variar la altura más de diez centímetros. La mosca estaba atrapada en una búsqueda imperfecta y torpe, tal vez de felicidad, de libertad, de paz o de amor, tal vez huía a la muerte, pero desde el colchón y sobre la imagen de la esquina del imponente edificio atisbado desde adentro del piso, su trayectoria lucía absurda. La pequeña diosa de la pereza se preguntó si acaso nuestra heroica humanidad tiene el mismo aspecto para Dios.
Por fin, levantó el cuerpo de la cama con paso seguro hacia lo cocina, iba por el insecticida.  

lunes, 23 de mayo de 2011

La angustia de saber que no existimos hasta que la luz nos concede sombra.

viernes, 13 de mayo de 2011

Viernes 13

Alguien tocaba el timbre con insistencia, 6 veces era ya demasiado. Pensó que seguramente se trataba de alguien a quien le urgía saber de ella, cerciorar que se encontraba bien; pero no quería abrir, aunque la idea de que la buscaran con semejante ferocidad la consternaba. Se dijo que si timbraban una séptima vez acudiría a contestar. El timbre sonó de nuevo. Era la portera, preguntando si iba a querer agua. Respondió que no.

jueves, 5 de mayo de 2011

Una ilusión sostenida

La conversación amigable con un escritor a la que habían sido invitados, se había convertido hacía ya quince minutos en un soliloquio desenfrenado, a modo de defensa, del autor de las microficciones acerca de los comienzos de la novela; los libros artúricos, las cortes francesas del siglo XIII, etimologías italianas, larguísimos procesos de asimilación, la arbitrariedad de los géneros literarios...

Ella dio un vistazo a su celular para revisar la hora, lo guardó, tomó su bolso cuidando no hacer ruido, empujó la silla hacia atrás y se levantó, a punto de dar la espalda volteó y le lanzó al escritor angustiado de párpados obscuros un beso que sopló desde las yemas de sus dedos...

Cuando volvió a escuchar, el monólogo continuaba y ella seguía sentada. Apoyó su cabeza en la mano de la que bien podría despegar un beso.