Tras mi propio rastro- Hechizos

lunes, 4 de abril de 2011

A veces me lastima saber que luego de tanto tiempo de haber dormido juntos, andado las calles y los días no llegáramos ni quiera a convertirnos en amigos.

sábado, 2 de abril de 2011

SNOB BY ACCIDENT

Caminábamos de regreso al auto, íbamos lento para perder el tiempo. Quiso enseñarme un restaurante que había visto camino al café donde nos vimos, pasamos, se veía agradable y atractivo, al lado de una tiendita llena de libros y objetos lindos. Nos paramos frente a la minúscula tienda a ver las curiosidades. A nuestro encuentro salió el dueño a preguntarnos si estábamos ahí por lo de Bellatin, atontados, respondimos torpemente con una pregunta y nos hicimos más hacia el lado del restaurante, del que salió una mesera a preguntar si estábamos por el evento, sin más nos dirigió al patio interior del edificio, pasamos por la bulliciosa y en exceso iluminada cocina y llegamos a un pequeño espacio con una mesa alargada bajo mantel blanco y sillas para los invitados. Era la presentación del libro "Disecado" y nos quedamos. Nos sentamos en segunda fila, la primera era para personas importantes e hicimos chistes y gestos inadecuados. El patio se llenó. Tras el anuncio de bocadillos al final esperamos con entusiasmo, escuchamos a los presentadores, al escritor, un ensamble y comimos.
Cuando salimos estaba obscuro y llovía.

La tarde había sido buena: una entrevista, café y pastel, deberes de escuela cumplidos, presentación de libro, esa sustancia mágica de alegría nos envolvía y las florecillas de jacaranda caían y llenaban las banquetas. Nos subimos al auto y abrimos aprisa las ventanas para conciliar el insoportable silencio que nos unía.


martes, 29 de marzo de 2011

Hablar de amor

Un impulso antinatural no trajo a tomar té (caliente) en este día tan caluroso a un lugar encerrado. En una mesa contigua están un par de chicas, características de la zona, hablando de viajes, amantes, dándose consejos de vida siempre precedidos por la palabra "wei". Dicen los mejores consejos que tienen sin dejar pasar, por supuesto, la oportunidad de contar su experiencia propia en caso parecido. Están tan seguras de su razón, de su vida, de que su tono de voz es el adecuado, de que su acento las enaltece -y mi paranoia lo agranda porque quiero helado de chocolate y tengo calor-.
Ellas siguen y siguen hablando, escucho palabras graves salteadas: sociedad, control, vida, el peso de las cosas, y cuando volteo sus gestos son tan exagerados que podría creerse que de un momento a otro espuma comenzará a manar de sus tiernos labios. Sus confiados labios.
Dos cucharaditas de azúcar y ellas parten para su siguiente aventura.

domingo, 27 de marzo de 2011

Algo que esperar

Debería ser fácil adquirir de nuevo las cosas que perdí, "debería" serlo porque no lo es. En lugar de remplazar los objetos extraviados he puesto un pedido en línea, sólo cosas nuevas, algo así como un llamado de ayuda sin romper el luto. Aretes de serpientes, maxi skirts, botas rojas y loafers negros para apaciguar el dolor de dos semanas y una noche horribles.
Es algo así como mi invierno, me siento a esperar a que lleguen cosas bonitas, la vida va a seguir y  remendarse, aunque nunca está muy claro cuando.
Ahora la esperanza se posa sobre mí como una nube blanquísima.

martes, 22 de marzo de 2011

Dormir sin sueño

Aquí, aquí, aquí voy a estar hasta que cambien las letras de la palabra ante mis ojos. Todos los objetos están ocultos, veo sólo un punto verde y el reflejo de mi lámpara de noche, que adquiere textura contra la madera de un mueble. Hay mucha más luz que esa, o tal vez no más luz sino reflejos. La luz es la misma, y, como dije, sólo hay una. La verde no tiene mayor trascendencia, está muerta marcando ceros en el horno de microondas. Yo estoy muerta marcando ceros en esta cama. Todos los reflejos de las paredes me recuerdan... me recuerdan y no dicen nada, somos los mismos reflejos contra las mismas sombras noche tras noche, en una conversación inútil. "Mejor tómate eso y cállate".

sábado, 19 de marzo de 2011

Las cosas que he perdido

Ochenta y un cosas perdidas, esta es mi entrada número ochenta y uno. Pero hay otra lista, mucho más real; la de los objetos que han dejado de ser míos el miércoles-jueves por la madrugada. ¿Comienzo por adentro? mi identificación se fue en la bolsa pequeña de mi pequeño bolso de charol negro, mi IFE dirá que soy mujer, que ahora tengo 21 años, haría creer que llevo fleco y que vivo en un pueblo desértico y pesquero del norte del país, el ladrón curioso podría creer que estoy de vacaciones. Mi tarjeta de débito, afortunadamente pobre como yo misma, roja y anónima. Un gloss llamado daiquiri de philosophy, tan rico que era. Un lápiz para los ojos, mitad blanco, mitad negro, más gastado del lado blanco. Polvo suelto de MAKE UP FOREVER, para aderezo de ironía. Tal vez un encendedor, si es que no lo perdí yo antes en la fiesta. Mi celular, mi teléfono celular, color uva, lleno de mi vida y mis recuerdos. Y no pasa nada, sigo siendo Marbrisa Ter-Veen Hernánez, nacida entre muchos ochos y nueves, con las rodillas llenas de moretones y raspones, un poquito triste, tal vez.

domingo, 13 de marzo de 2011

Un melodramático borrador viejo

Las lágrimas corren una tras la otra, diáfanas sobre mi ojo y negras hacia la barbilla, y más abajo la garganta duele por el esfuerzo de contener el ruido. Mi miseria se refleja en un ridículo gesto de mimo sufriendo. El dolor se burla de mí. Los fracasos, la depresión crónica, el cambio de peso; todo es un pequeño circo de pulgas para Él;  pequeño círculo de nimiedades en que estoy presa.