Tras mi propio rastro- Hechizos

domingo, 1 de agosto de 2010

Carta

A pesar de que buena parte de lo que he escrito es sumamente íntimo he pretendido velarlo con tintes de ficción o formas narrativas.
Lo que usted leerá a continuación corresponde al campo de lo real "tal cuál sucedió", sin retoques ni comentarios... sólo diré que desde la faringe hasta los ojos sentí una congestión y comencé a llorar.
Estaba revisando papeles (que es lo que más guardo) y haciendo limpia, encontré la siguiente carta que mi hermana me envió hace ya casi tres años. Está escrita con tinta roja y azul; intercalándose por párrafo y fusionándose en la fecha, tiene también algunos dibujos de caritas sonrientes y adornos. Mi hermana tenía unos nueve años.

De: Vanessa Ter-Veen 23-oct-07

Marbrisa.
Mar, no se por donde empezar pero bueno.
Te mando esto con mucho cariño, y espero que te guste.

Te extraño mucho mar. Mi vida sin ti es muy diferente*
nota (Verenice por fin se va ya no la soporto).

Me a ido muy bien en la escuela, llegaron los resultados de los exámenes que nos pone enlace y saqué el 1er lugar en mat. y el 2do en español.
Que bueno que a lo mejor vienes en diciembre. Me puse muy triste cuando cumpliste años porque cumpliste 18 años y yo no estuve para verte y entraste a una etapa en tu vida en la que ya eres un adulto.
Espero verte en diciembre navidad con ancias.

Nunca olvides que estoy a tu lado sin importar que estemos lejos =P
Bueno pues esto es todo lo que te queria decir
Adios y cuidate.

martes, 13 de julio de 2010

Línea


Los reconocemos, aun en la distancia sentimos cómo el viento se tensa ante sus movimientos, ustedes estuvieron aquí antes; mucho antes. Corrían los campos, sacudían los árboles, bajo la luna se retorcían extasiados y bebían los fluidos que manan de los sexos. Un día partieron para acercarse a las estrellas y de su partida quedó un hedor a humano que nosotros hemos eliminado.
A veces, cuando me quedo sola sé que uno de ellos me está viendo: adivino sus ojos detrás de la ventana, bajo la mesa, entre las fibras de mis nervios... El espectador invisible quiere adormecerme para el rapto. Me concentro en quitarme el velo, volver del tiempo, no quiero que mi alma tome vuelo.

martes, 6 de julio de 2010

Queja

Anoche no descansé mientras dormí, me paré tres veces: dos a limpiar y la otra es más curiosa. Yacía dormida y mi malestar comenzaba a tomar parte de los sueños, que no debería tener pero a pesar de todo tengo, me retorcía y veía a mi figura hacerlo, mi cara en gesto de dolor y el cabello desparramado por todos lados. Mi cuerpo al verlo era claro, conocía perfectamente su contenido interno; era como un mapa, e irónicamente tenía un pequeño mapa en el sitio que me aquejaba, en lugar de una cruz. Hacía frío y no quería levantarme pero el dolor se alió a la urgencia de orinar y tuve que hacerlo. Fui al baño y luego de orinar vomité, quedé consternada.. El sabor era ácido.. Era mi cuerpo escupiendo el Kriadex de nuevo. Expulsándolo en una masa rosa muy densa.
No sé qué pasa entre esos dos, no se han llevado bien últimamente, se sabotean en cualquier oportunidad. Mi cuerpo está cansado de ser su campo de batalla. Yo estoy cansada de no dormir comodiosmanda, de tener sueño en momentos inapropiados, de tener náusea, de vomitar, de tener la piel gris y de efectos secundarios menos graciosos de escribir.
De nuevo digo "estoy harta" y esta vez lo digo al aire porque no tengo a quién lanzarle mi queja esperando que tenga una solución.

jueves, 24 de junio de 2010

Tundra

Ibamos a recrear una antigua mañana particular para Elisa. El zoológico sería el mismo por el que ella caminó años atrás, yo sería ella: una mujer trasnochada con el corazón roto que va hastiada y dolorida por la ciudad, quién sabe si buscando o huyendo.
El primer paso para encontrar alivio es siempre detenerse un momento para quitarse los tacones y sentarse a llorar en un rincón discreto, esconder la cara, darle resguardo de lo que ha tenido que enfrentar en nombre de la locura y la estupidez. Segundo paso: arriba y andando, a ratos con la culpa punzando en la cabeza, a ratos en blanco, dispuestas a seguir hasta la última vuelta, el último muro o el último espejo. Porque aunque lo olvidemos creemos... Ahí, ahí, algún lugar; en algún recoveco, entre los sonidos de una palabra, entre dos miradas, junto a una esquirla atrapada en el fondo del mar, hay algo.
Vamos, ella sin dirección y desesperanza y yo repitiendo sus pasos que me han sido relatados, llevándola hacia su catarsis. Llegamos a la zona que alberga especies de la tundra. Bajamos, abajo es un pasillo curvo azul turquesa cuyas paredes consisten en ventanas hacia los tanques. Estamos frente a la vitrina, llenas de pesadumbre, tomadas del pasamanos enmugrecido, anonadas por el agua y sus juegos con la luz.
Algo entra en el agua de golpe, su enorme cuerpo blanco se mueve ágil y grácil bajo el pelaje que baila, sus garras negras hacen surcos en el agua que tiene alrededor. Voltea la cabeza hacia mí, nos miramos un segundo y mientras continúa nadando yo sigo contemplando su ligereza y mi mente flota como ella, la tristeza y el odio hacen silencio, todo lo que escucho son sus movimientos que imagino. Flota: me conecta tal vez con que todos los seres y materia existente encuentran alivio a su peso, incluso los planetas. Aquí está aquella Elisa sintiendo la ligereza de su alma de nuevo gracias a un hueco en el espacio, aquí está Elisa junto a mí emocionada por filmar a la osa nadando y aquí estoy yo, conmovida y sonriendo. La belleza ha vuelto. Llegamos a La Estrella.

jueves, 17 de junio de 2010

Más vistas dobles.


En la estación la gente esperando al metro era muchísima, apenas dejaban tras de sí un pasillo para una persona y media. Caminé hasta el extremo exclusivo para mujeres, niños y discapacitados y tal como esperaba había menos gente. Pasaron más de diez minutos y los vagones no llegaban, el que teníamos enfrente (el que corre hacia el lado opuesto) tenía tanto tiempo parado como yo esperando (dando vueltas) y me atrevo a afirmar que aun más, unas tres veces hizo ruidos como si estuviera por partir, lo que hacía que la multitud de este lado se agitara. Puñados de minutos, de 6 en 6, después llegó el ansiado transporte -atestado- y las caras de quienes lo llenaban eran de absoluta desesperanza. Encontré un lugar, dudé de él por estar vacío pero lo tomé. Pregunté a la señora sentada frente a mí si había tardado mucho en salir de la estación anterior, respondió que sí... Tardó y tardó y tardó en las siguientes tres estaciones.
Cuando finalmente dejé el transporte colectivo para iniciar mi larga caminata por la calle de Campeche noté algo distinto: nadie más caminaba, el trayecto se veía vacío, sin peatones, sin autos... Comencé a pensar en el clima: nublado y frío, ha estado así por varios días y algunas veces las apacibles nubes lanzan cataratas contra nosotros (ayer, por ejemplo llovió sobre mi ropa desprevenida dos veces). Tenía sentido y mientras avanzaba y veía los edificios de departamentos me regocijaba imaginando frazadas, té, parejas en cama viendo películas, perros acurrucados. Así, mientras yo fantaseaba con la vida ociosa de estas personas me asaltó viniendo de todos lados un grito en coro que decía GOOOOOOOL!! todos los lugares que antes vi plácidos, cálidos y abandonados ahora se revolvían ante la anotación de México. "Todo" cobró sentido de nuevo, qué tonta -como si no fuera jueves a las 3 de la tarde.
Un poco adelante un conductor me preguntó por la calle de "Astrodan" y yo, confusa, le respondí si se refería tal vez a la calle de "Ámsterdam", él, aliviado respondió afirmativamente, le indiqué la dirección y ambos seguimos nuestros caminos. Me fui pensando en lo perdidos que estamos.


lunes, 14 de junio de 2010

Sinsentido

Me confundo. Estoy sentada, esperando, esperándote y creo escuchar el sonido de tu auto acercándose; finjo incredulidad sólo para calmar mi próxima desazón al darme cuenta de que, como bien sé, no eres tú ni vas a serlo. Puedo poner un número límite, decir: después de 26 carros dejo de esperar, y aun entonces mis células seguirán insistiendo en que sienten la atracción que causa tu llegada. Falso. No habrá llegada, no esta en la agenda. La agenda bajo la que vivimos la rige la X carta (local) del Tarot que funge desde la masa cerebral de un individuo al mismo tiempo arrojado al precipicio y atado de un pie. Yo no sé de la Fortuna, sólo adiviné hace tiempo algo de la mía: la gira un diablillo que me odia.

sábado, 12 de junio de 2010

Ver la misma cosa


Caminaba: paseaba a Reiko. Sin darme cuenta alcé la vista para ver el edificio del otro lado de la calle, del lado izquierdo. Sin percatarme fui viendo la barandilla de roca que se perfilaba en lo alto contra el cielo nocturno, vi pilares idénticos sucederse: peones pegados con cemento al borde, mi mente descansaba acurrucada en la secuencia y de pronto una nueva figura la hizo reaccionar, esta también se repetía, pero sin regularidad. Parecía una figura humana petrificada, parecía llevar un sombrero. Conforme seguí acercándome la confusión fue incrementando: ¿por qué querrían hacer creer que hay alguien ahí arriba?, ¿de qué año es este edificio?... Me sentí acechada. Las preguntas seguían corriendo mientras contemplaba al chino guardián, lo veía con recelo, con fascinación, con entusiasmo al pensar en quién lo decidiera poner ahí, intentaba vislumbrar sus facciones a pesar de la gran distancia a la que nos encontrábamos. La caminata me acercaba y de un instante a otro el vigilante se apagó, desapareció al negro de un pilar con plato decorativo. Me percaté entonces, inmediatamente, de la regularidad de estos ornamentos. Extrañé al guardia.