Tras mi propio rastro- Hechizos

domingo, 31 de mayo de 2015

La espera

Escribir. Borrar. Volver a empezar. Esto es lo único sensato que se me ocurre decir, a partir de ahora vienen los balbuceos. 
Durante la última semana he experimentado pequeñas ráfagas de lucidez respecto a mi situación actual que son cada vez más articuladas, puesto que ya no vienen en la forma pura que me hace sentir un derrumbe interno, sino que llegan como nociones. Conclusiones respecto a temas de orden  narcisista. La primera noción tiene que ver con eso mismo, mi absoluta incapacidad para enfocar mi energía, atención o esfuerzo en algo ajeno a mí. La segunda es que ya voy a cumplir 26 y no puedo más que reconocer que ninguna de mis expectativas pasaron de ser eso. 
Todavía detesto mi cuerpo. Todavía no puedo entablar una conversación agradable con nadie. No puedo escribir. No puedo ser feliz. No puedo dar ese susodicho primer paso, el primer paso para salir de este lugar detestable. No puedo dar gracias. No puedo disfrutar las "pequeñas cosas". La mayor parte del tiempo no encuentro nada que celebrar. Pienso constantemente en las ausencias. 
Vivo en un dolor constante, quieto y adiestrado que ojalá me volviera loca, pero solamente me tiene esperando.


martes, 26 de mayo de 2015

La respuesta

Es como dormir, pero de forma misteriosa sabes que en otra vida fuiste uno de los estudiantes de cine que ahora buscan, entre montañas de cintas apiladas tan altas como los Alpes... Uno, dos, tres. ¿Y qué buscan? Yo soy el tercero, el burlado. No voy a sobrevivir, esto también lo sé.
En sueños aparezco atormentado, como una joven que luce triste la mayor parte del tiempo, tiene un pajarito enjaulado y vive en un departamento minúsculo donde colecciona objetos de todo tipo. Pareciera estar atrapada en ese espacio. Cuando sueño con ella despierto triste, anoche, por ejemplo, intentó suicidarse y mis propios alaridos y sudor me despertaron.
Nadie cree que me tocó. En el estado fantasmagórico en el que yacía sobre la cama escuchaba sonar el teléfono, pero no podía moverme. De repente algo -un cuerpo- pareció acomodarse al pie de la cama, contra las plantas de mis pies y fue como si dos piezas por fin se unieran, y dijo "Vamos". La fuerza no me alcanzó para responder que no, pero ¿quién era y a dónde iríamos? Poco a poco la sensación en los pies se fue. Luego sentí en el torso el tacto de diminutos dedos, dos manos de trigo me jalaron y esta vez escuché "Ya nos vamos". Estaba petrificada y muda, pero logré gritar "No" e inmediatamente después me levanté a responder el teléfono. Me dolía la garganta. Estaba aterrada. 

lunes, 25 de mayo de 2015

Un vaso de agua

Tres días buenos por veinte días malos, como todavía no me siento iluminada, este balance no me resulta satisfactorio; el cantadísimo problema de la insatisfacción crónica. Tengo hortensias azul eléctrico y lirios de agua púrpura con amarillo en un florero pero nada dura más de dos días, el sábado sólo de verlas me alegraba y ahora no puedo más que pensar en cómo se van a ir marchitando hasta quedar apestosas y duras en la basura.
Tengo ataques de llanto intermitentes que llegan mientas orino, mientras pongo la ropa en la lavadora, mientras desayuno, mientras leo y mientras intento distraerme de ellos.
Tengo la sensación de derrota encima, trepada sobre los hombros, y me ahogo.

jueves, 21 de mayo de 2015

Nadie se acuerda

Hace más de un año que no escribo nada aquí, tal vez porque tomé la costumbre de llevar un diario que consume tinta en lugar de dolores de cabeza. En ese diario tampoco sucede mucho, a decir verdad cada vez escribo menos porque ¿para qué? Y como dejé de escribir ahí regreso acá, con la esperanza de que los días recobren el sentido y yo pueda sentirme un poco menos angustiada y menos ansiosa. A veces la única manera de sobrevivir tanta nimiedad es pretender que los pequeños acontecimientos de la vida cotidiana son otra cosa, una cosa al menos digna de ser verbalizada, transmitida por medio de palabras -para que alguien o nadie reciba el lamento.
Reiko yace dormida a mi lado sobre la cama y sobre Noticias del imperio, hoy la ciudad está fascinada por un halo solar, en la calle todos tienen la cabeza torcida hacia el cielo, todos sacan fotos con sus celulares y luego siguen su camino. Cuando volteé a ver qué era eso que jalaba los ojos de los transeúntes hacia arriba encontré ese arcoíris circular y me pareció que no podría anunciar nada bueno (eso me dijo el primer vistazo), pero ahora sé que anuncia lluvia.
Me pregunto cuánto tiempo más va a seguir viéndonos ese ojo.

sábado, 15 de marzo de 2014

Disfraz

Tardé en darme cuenta, pasaron unos quince minutos en los que caminé y tomé el metro hasta que me percaté de que algo extraño ocurría con mi atuendo. No era sólo el que nadie más en el vagón dentro de mi rango de edad trajera una especie de conjunto de falda y blusa con el cabello recogido en una cola de caballo invertida, al verme reflejada en los cristales de la puerta junto a otras tres chicas me sentí absolutamente desentonada; fuera de lugar. Había una especie de solemnidad ridícula en el cuello alto de la blusa y los botones de perla de sus puños. Todo rematado por unos loafers poco amistosos.
Total: me dirigí a mi destino portando lo mejor que pude mi desfase temporal. En el centro comercial no me sentí más cómoda, así que decidí soltarme el cabello esperando quitarme algunos años de encima. 
-¿Mejor?
.¿En qué sentido?
-¿Parezco menos anciana?

Mi novio simplemente sonreía mientras yo maldecía y clamaba por los mejores tiempos en los que la gente se tomaba en serio lo que se ponía, aunque en realidad deseaba volver a mi casa para ponerme unos pantalones de mezclilla, una sudadera y borrarme la puntiaguda y gruesa línea negra que se elevaba sobre mis párpados.
Para romper la maldición y dejar claro que no carezco de sentido del humor, opté por comer una rebanada de pizza acompañada de una Pepsi. Al volver con la charola a la mesa, él simplemente comenzó:
-Había una serie porno en los ochentas de colegialas en la que, bueno, las señoritas llegaban a la escuela muy vestidas, así como tú y luego...
-Sí, me imagino. Me imagino.

lunes, 6 de enero de 2014

Aeropuerto

Me quedé sola con mis dos maletas. Se llevaron a Reiko en una jaula y mi papá y hermano caminaron hacia la salida. Cuando nos despedimos no pude verlos a la cara porque no quería que se dieran cuenta de que el llanto me había vencido desde que mi papá anunció que tenían que partir. Tampoco pude pronunciar ninguna despedida para no estallar en sollozos; me limité a abrazarlos y esconder el rostro, pero sé que sabían perfectamente que estaba llorando.
Apenas es cierto que la gente llora en los aeropuertos, hasta la fecha no he visto a nadie excepto en mi reflejo. Los niños me ven extrañados, debe parecerles curioso que alguien de mi estatura tenga la cara roja e hinchada con ríos corriéndole en todas las direcciones, igual que ellos cuando su mamá no los deja ir a jugar hasta que terminen su plato de comida.
No sé si quienes me pidieron mi pase de abordar, identificación, colocar mis pertenencias en una cesta y extender los brazos y dar la vuelta se dieron cuenta de las lágrimas, sospecho que no, pero tampoco esperaría un abrazo o una palabra amable de ellos.
Luego de pasar por los retenes salí corriendo al baño con la esperanza de poder chillar en paz, pero resultó imposible porque había una mujer hablando por teléfono sobre regalos de Navidad. Me limité a descongestionarme la nariz y llorar de forma queda un rato hasta que sentí que podía salir y controlarme, pero no fue así.
Una señora compró un sandwich por cincuenta y cinco pesos y me pregunto sobre qué estarán conversando mi papá y mi hermano mientras van de regreso por la carretera y los ojos se me inundan de nuevo. Menos mal que traigo mascara a prueba de agua. Tal vez debería encerrarme en el baño hasta que abordemos porque tengo muchos mocos y lágrimas y comienza a ser vergonzoso estar escribiendo para ocultar la cara y sentirme tan triste por tomar un vuelo de tres horas que me lleve de regreso al lugar hacia el que hace seis años tanto deseaba escapar. Los niños siguen merodeando a mi alrededor. 
Prometo ya no llorar. Ya tengo la cara hecha un tomate, cualquiera diría que me dirijo de emergencia para reconocer el cadáver de mi madre en el Distrito Federal.
En la fila para comenzar el abordaje un señor me dijo "disculpe, Dios la ama" y sin ganas de comenzar una discusión sobre Teología, asentí.

martes, 3 de diciembre de 2013

Casi miércoles

Reiko se ligó a un argentino bastante guapo en la entrada del Oxxo. Parece ser que mi perra atrae al tipo de hombre que a mí me gusta: alto, cabello ligeramente cano, ojos verdes y dispuesto a discutir con el cajero por trivialidades en torno a un encendedor. 
Se acercó a ella cuando intentaba dejarla sentada junto a la puerta para poder entrar y comprar una lata de comida para perro y una botella de agua. Desde la semana pasada la comida de Reiko se terminó, y como mi portera estuvo de vacaciones, hace cuatro días que el garrafón de agua se vació y he sobrevivido comprando botellitas caras. Todos los días bajo a comprar esas dos cosas. 
Entré al Oxxo, fui primero por la comida de perro y luego por el agua y a lo lejos veía cómo el guapo se ponía de rodillas para abrazar a mi perra. Vi sus zapatos porque no me atrevía a verle la cara, tan atractiva como era, temía fracasar en mi intento por disimular fascinación igual que fracasé antes en el intento de hablar cuando primero se acercó a saludar.
Esperaba que mi tarjeta resultara aprobada. A unos pasos veía cómo ponía su cabeza junto a la de ella y la acariciaba, Reiko movía la cola, la misma Reiko que unos minutos antes estaba meando como machorra las esquinas de todos lados en Gante, mientras yo me sentaba a verla, asegurándome de que, en celo como está, no huyera con algún tipo guapo de mediana edad y me dejara ahí sola, parada en la caja de un Oxxo, con la hoodie negra y vieja llena de pelos, con la cara de cansancio y el cabello desgreñado, seguramente.